Dos rutas por la Sierra de Guadarrama

Las dos rutas que hoy os comento transcurren por la Sierra de Guadarrama. Concretamente entre los pinares que rodean el embalse de la Jarosa, sitio emblemático para los domingueros comarcales, para los cuales han habilitado dos zonas recreativas al borde del pantano. Desde una de ellas, denominada La Jarosa II, doy comienzo a una de mis caminatas.

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Y lo hago siguiendo una ruta que han dado en llamar del bosque plateado. Plateados son los circulitos que aparecen pintados en los troncos de los árboles y que me guían por una vereda que pronto se transforma en ancha pista de montaña y que asciende paralela al cauce de un pequeño arroyo. Pronto el primer cartel informativo avisando de la fauna y flora que puedo ver mientras camino. De lo que leo, lo que más me interesa es el gallipato, una salamandra con cara de rana Gustavo, que parece ser vive bajo las piedras del arroyo y solo sale de noche.

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Así que continúo la marcha, arroyo arriba, con una ascensión no demasiado pronunciada pero continua, que siguiendo la vaguada del barranco de los lobos y atravesando pinares tapizados de gayubas me lleva hasta una pequeña nava desde donde se disfrutan unas hermosas vistas de toda la sierra. Según el GPS he ascendido 400 metros de altitud en 6 kms de recorrido. Es el momento de descansar, repostar y entretenerme identificando todos los picos que me suenan en el perfil de la parte este de la sierra de Guadarrama:  Siete Picos, La bola del Mundo, Peñalara, La Maliciosa …

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El primer tramo de bajada lo realizo por donde he subido, pero pronto abandono la pista y pongo ruta hacia el sur, andando campo a través. Mi intención es llegar hasta un punto que llevo marcado en el GPS, en el cual sé que existe un paso furtivo que da acceso al Valle de los Caídos. No tardo mucho en llegar allí. La enorme cerca de piedra de 3 metros de altura, que data de la época de Felipe II, y que delimitaba por entonces todo el territorio escogido por el monarca para formar parte del Real Sitio de El Escorial sigue en pie igual de infranqueable. Sin embargo el empeño popular en entrar donde está prohibido ha realizado, con el paso de los años, una pequeña apertura en el muro que permite pasar fácilmente.

Por allí entro. Varios carteles avisan de la prohibición de pasar. Firmado: Patrimonio Nacional. Imagino que será una advertencia para los extranjeros. Yo soy parte de la nación y de su patrimonio, y paso. La pequeña fechoría merece la pena pues apenas andados 200 metros me encuentro recorriendo la cantera granítica de donde se extrajo la piedra para construir todas las pétreas construcciones que salpican el paisaje del Valle de los Caídos.

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La primera que me encuentro es una pequeña edificación, especie de ermita, colocada en lo alto de un berrocal, que según los mapas se llama Risco de las Pilas.  Existe una amplia escalinata de granito para subir, pero está cercada por valla metálica para impedir el acceso. En esta ocasión es fácil superar este obstáculo y  encaramarse hasta lo alto de la construcción. Las vistas son magníficas, aunque tengo que separarme un poco del borde del mirador por el vértigo que produce.

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Después de relajarme observando el paisaje, con la basílica y la enorme cruz al fondo, observo que la ancha escalinata por la que he ascendido tiene continuidad por un sendero ancho enlosado que desciende hasta el poblado del valle, dirección a la basílica. Pero yo tengo mi objetivo puesto en el risco de Altar Mayor, justo en dirección opuesta y allá me encamino. Después de un corto tramo de agradable paseo entre jaras y cantuesos, me encuentro de nuevo con otra escalinata, de igual factura y anchura que la anterior, pero esta vez de una longitud inmensa. A estas alturas de caminata las piernas ya no andan tan ligeras y la ascensión la tengo que realizar con paso corto y respiración profunda.

Me cuentan que son 416 escalones, aunque a mí me parecen menos. Arriba me encuentro con algún otro excursionista tomando aliento como yo y disfrutando de unas vistas incomparables. Por un lado el estrecho Valle de los Caídos, por el otro el extenso Valle del Guadarrama, y en medio este risco desde el cual, parece ser, Franco decidió construir todo el conjunto monumental conmemorativo y el extenuante Vía Crucis que estoy recorriendo sin saberlo.

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Y es que de eso se trata tanta escalinata y calzada enlosada. Un inmenso vía crucis que con sus catorce estaciones repartidas entre los riscos que bordean el valle por el norte, llevan al penitente desde Los Juanelos, cerca de la entrada por carretera al valle, hasta la propia basílica. La idea era dejar boquiabiertos a los asombrados visitantes. En realidad deja boquiabiertos a quienes deciden recorrerlo pues deben tomar aliento continuamente para poder seguir adelante. También lo llaman camino del Calvario. Impresiona. Y agota. Yo como estoy en lo más alto, pues lo estoy recorriendo en sentido contrario, no me preocupo y continúo el descenso con alegría, escalón tras escalón. Así paso por otras dos estaciones que al igual que las descritas anteriormente tienen una pequeña ermita que sirve para que el peregrino repose y medite acerca del camino que está recorriendo.

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La construcción del colosal Vía Crucis comenzó en 1944 y no se terminó. “Solamente” se han ejecutado 3.054 metros de los casi 4 kilómetros previstos, 4 ermitas en otras tantas estaciones y  2.292 escalones en un sube y baja que supone un perfecto entrenamiento para las piernas y el espíritu.

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Tan entretenido voy en este singular paseo que no me doy cuenta que me he quedado sin batería en el  móvil,  y por lo tanto sin GPS ni plano de la ruta que tengo que seguir. Así que, viendo que camino en dirección opuesta al pantano de La Jarosa  y sintiendo que me estoy alejando demasiado, decido abandonar el camino enlosado y de nuevo campo a través pongo rumbo hacia el norte, encontrando pronto una pista que transcurre  junto a la cerca que me separa del territorio libre, al cual no podré acceder hasta pasado kilómetro y medio de pesado ascenso, por otra abertura “no oficial” que me saca del terreno vedado.

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Los últimos kilómetros de la ruta no tienen especial interés. Se trata de una pista que serpentea entre pinos, algunos de los cuales presentan en sus troncos un circulito azul, marca que identifica el camino como la Ruta del Agua, otra de las muchas rutas homologadas que recorren esta sierra.

Y agua es lo que me vendría bien a mí, pues al haber alargado la ruta más de lo previsto mis provisiones se han terminado y ando algo asfixiado. Por ello, cuando por fin llego al área La Jarosa II lo primero que hago es entrar en el chiringuito a por una lata de cerveza, aunque tenga que pagar por ella a precio de terraza-costa-azul-temporada-alta. A ver si al menos me quita este tono rojo camarón que luzco en mi cara.

Para terminar, decir que una semana antes recorrí la Ruta de las Trincheras, que también transcurre entre los pinares de Guadarrama. Además del agradable paseo que supone, tiene el interés de poder observar restos de las trincheras y edificaciones militares de la guerra del 36, que en esta sierra tuvo frente abierto durante toda la contienda.

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 Te recuerdo que pinchando en cualquiera de las fotos anteriores accederás a la galería de imágenes en Flickr.  Además, también puedes descargarte los tracks de ambas rutas, la del Bosque Plateado+Via Crucis y la de Las Trincheras

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