De Navagallega al Pico de la Dueña

La Sierra de Herreros es el límite sur del Campo Charro. Aquí termina la inmensa llanura del toro bravo y la encina. Llamarla sierra quizás sea un poco exagerado, pues en estos montes el pico más elevado no llega a los 1.200 metros de altitud, y la ascensión desde la llanura, que está a más de 1.000 metros, es pan comido. Pero no por ello deja de ser interesante. La caminata de hoy me permitirá conocer mejor la zona y disfrutar de hermosas vistas.

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Me dirijo en coche hacia Navagallega que es donde pienso comenzar la ruta. Atravesando una pista rural, cerca de mi destino, encuentro a un caminante con mochila que me hace aspavientos para que pare el coche. Se trata de un peregrino algo despistado que me pregunta si por allí va bien hacia no sé dónde. Su acento extranjero no me permite entender dónde quiere ir. Me enseña el mapa: Calzadilla de Mendigos.  Le invito a subir al coche y el hombre respira algo aliviado.

Este italiano, calvo y pequeño, pero fuerte, con aspecto que recuerda al Comisario Montalbano, está realizando el Camino de Santiago por la Via de la Plata. En algún punto ha perdido el rumbo y anda un poco agobiado. No porque se sienta perdido,  sino por los kilómetros extra que va a añadir a los casi treinta de su etapa de hoy. Me cuenta que pasó otro coche pero no paró. La gente se alimenta de noticias malas y trágicas en la tele y está asustada, le comento excusando al desconsiderado conductor. En su país, Corriere della Sera ha lanzado una edición especial que solamente cuenta las buenas noticias, que también ocurren todos los días, para inyectar algo de positivismo al país. Un ejemplo.

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Paro en la Ruta de la Plata, junto al puente del arroyo Mendigos, a pocos metros del caserío de Calzadilla, que no es un pueblo realmente, sino la finca donde pastan los afamados astados de la ganadería de Montalvo. Aunque no son toros esos bichos que se mueven junto al arroyo, le señalo al peregrino, que me responde con un: me gusta, me gusta. ¡Cómo no! Menudos jamones saldrán de ahí. Le deseo buen camino y se despide con un montón de gracias y varios fuertes apretones de manos, como hace la buena gente, y reemprende a paso ligero su peregrinaje hacia Santiago.

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Yo, por mi parte, comienzo mi ruta desde Navagallega, un pequeño y agradable poblado escondido entre rebollares, desde el cual ya diviso mi primer objetivo: las Peñas de Santa Cruz. Sobre estas rocas se alzó un castillo del cual solamente quedan unas ruinas. Al llegar al pie las mismas hay que salirse del camino y avanzar entre los robles, que forman un espeso y sombrío bosque,  con las notas color fucsia de algunas peonias.

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Al llegar a la base de los peñascos compruebo que, independientemente del castillo que aquí edificaran en su momento los antiguos habitantes de estas tierras, estas rocas conforman una auténtica fortaleza. Una pared granítica de unos diez metros de altura y escasa anchura, cuyas grietas son como troneras creadas por la naturaleza.

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Hay gentes que vienen por aquí a escalarlas. Yo, que  no soy aficionado a esas artes, camino por su base hasta encontrar un paso natural, que me permite llegar al otro lado y acceder a las ruinas del castillo. Poco se sabe de esta edificación. Qué es muy antigua no cabe duda. De la baja edad media o incluso musulmana. Algunos hablan de castro celta anterior. Entre los sillares y mampuestos que quedan se encontró un miliario romano que hace poco ha sido reubicado en la Vía de la Plata, pues según la inscripción que contiene, de allí fue sacado.

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Desde esta atalaya, mirando hacia el norte,  se disfruta de una hermosa panorámica del Campo Charro. Y mirando hacia el oeste de unos molinos de viento que emergen entre los robles y encinas. Bueno, realmente molinos pueden verse en cualquier dirección a la que se mire, pues todos los montes de esta serranía están poblados de ellos. Es la molinomanía y el paraíso de los amantes de las energías renovables.

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Vuelvo al camino y dejando a mi derecha la Peña Gudina, el punto más alto de estos montes, tomo dirección sur hacia Membribe. A los lados de la pista por la que paseo puedo ver reses pastando. Confío en que no sean bravas. Desde luego son astifinas y mientras imagino como torearlas si me embisten, me despisto y no tomo el desvío que conduce al pueblo. No importa mucho porque termino en una carretera que me conduce igualmente a Membribe de la Sierra.

Por cierto, los caminos que estoy recorriendo hoy transcurren en parte por fincas privadas. No hay carteles de prohibido el paso, pero si avisos pidiendo por favor dejar las porteras cerradas, para que no se escape el ganado.  Aún así, siempre hay quien desprecia las normas que afectan a los demás, y me encontraré alguna abierta de par en par, con el trastorno que eso ocasiona. No es de extrañar por lo tanto que alguien haya decidido prohibir el paso, como podré comprobar en el tramo final de la etapa de hoy.

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A la entrada del pueblo, la intensa fragancia de unas acacias en flor invitan a tomar un descanso. Después recorreré el pueblo, lo que no lleva más de diez minutos, y desde su iglesia en ruinas echaré un vistazo a mis próximos objetivos que se observan a lo lejos: el nacimiento del río Alagón y el Pico de la Dueña.

Para llegar a la fuente del  Alagón hay que subir otro monte poblado de robles y encinas. La subida es cómoda y no tiene pérdida. Transcurre por una ancha pista forestal que parece recién abierta. Conforme voy ganando altura, lógicamente mejoran las vistas que se  ofrece de las sierras situadas al sur de la provincia de Salamanca, donde acaba la meseta.

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Lo que no me resulta tan sencillo es encontrar el manantial. Lo llevo señalizado en el GPS pero aún así doy algún rodeo entre la espesura del robledal antes de encontrarlo.  Por fin llego al punto señalizado en todos los mapas como nacimiento del río Alagón. En realidad se trata de una charca como tantas otras de esas que usa el ganado para abrevar.

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Ahora seguiré un camino que paralelo al curso del río, desciende hasta un merendero con fuente, que antaño fue considerado como nacimiento del Alagón. De momento es solamente un arroyo, y no será hasta que abandone la meseta castellana, recogiendo las aguas de las sierras que hay por allí, que se convierta en un río suficientemente caudaloso. El mayor afluente del Tajo. Porque estas tierras son de las pocas de Castilla y León  que no vierten aguas al Duero.

Desde aquí se puede optar por ir a Frades de la Sierra, o como hago yo, coger un camino que tras cruzar la vaguada del arroyo de las Huertas conduce hasta la Pico de la dueña. La subida hasta esta peña es bastante llevadera. Mirando hacia atrás, al sur, se extiende la ancha panorámica de las sierras que ofrezco en esta fotografía. Pincha para ampliarla (8500×1300 pixel) De izquierda a derecha: las sierras de Gredos, Béjar y Quilamas, con la Peña de Francia detrás.

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Una vez arriba, me encuentro con una esbelta cruz de Santiago sobre las peñas. La ha colocado hace pocos años Blas, el cura de Fuenterrobles, famoso en los ambientes peregrinos por ser el máximo impulsor del Camino de la Plata, que transcurre por la ladera norte de este monte. Lo que no entiendo muy bien es como hacen subir a los peregrinos este monte , pudiendo haber seguido el antiguo trazado de la Ruta de la Plata, por el valle. Quizás esa filosofía de que cuanto más sufras más aprenderás esté detrás de la iniciativa.

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Eso sí, gozarán de hermosas y amplias vistas. Verán la extensa llanura que tendrán que cruzar y que se mantendrá prácticamente hasta Astorga o Sanabria, según por dónde decidan ir. Se puede ver Salamanca a lo lejos, siempre y cuando tengas vista de águila o lleves prismáticos como yo. Si miras hacia el oeste, molinos y más molinos. Hoy no sopla mucho viento, y aún así el ruido que producen es considerable si te colocas cerca.

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Desciendo por el Camino de la Plata, que ahora transcurre entre esos robles escuchimizados que algunos por aquí llaman melojos. La temperatura es fresca para estas fechas, así que camino rápido para no quedarme frío. En poco tiempo llego al piedemonte, por donde transcurre la carretera que lleva rumbo norte a Salamanca y que es la que seguirán los peregrinos. Yo tengo que tomar una senda hacia el oeste que conduce a Navagallega,  pero me encuentro con el paso cortado con doble alambrada. Lo intento por otro camino cercano pero me encuentro con lo mismo y tengo que echar marcha atrás. No están las piernas para experimentos, así que decido coger la carretera, que con algo más de rodeo, me lleva al punto de partida y final de mi ruta de hoy.

El track de esta ruta que he colocado en Wikiloc está subido directamente desde mi dispositivo GPS. Por lo tanto no está editado y contiene todos los errores y pequeños despistes cometidos. Como no hay mejor manera de aprender que de los errores, propios o ajenos, si alguien decide seguirlo podrá estar atento en los puntos donde es más probable el despiste. O al menos donde lo cometí yo.

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