Parque fluvial de Huerta

El paseo de hoy, sencillo y asequible para piernas medianamente entrenadas, transcurre por las márgenes del río Tormes en el tramo que va desde Huerta hasta la carretera N-501. Hace poco tiempo que fue declarado LIC (lugar de interés comunitario) con objeto de ofrecer alguna protección a nivel ambiental. Además el Ayuntamiento de Huerta ha gastado algunos euros del bolsillo europeo en señalizar y acondicionar alguna zona para el uso público. Este recorrido, como todos los que transcurren por las márgenes de los ríos, tendrá especial interés para los aficionados a la ornitología.

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De los fondos europeos comentados, una parte parece haberse gastado en una curiosa estructura tubular metálica pintada de verde, que poco a poco va siendo ocultada por la hiedra trepadora. Está situada en el punto preciso donde el río cambia bruscamente su trayectoria. Lo que aquí llaman el codo del Tormes.  Esta moderna semiesfera encierra unos cuantos carteles explicativos acerca de lo que se puede ver en el recorrido por el LIC. Así que los leo todos antes de comenzar la caminata, poniendo especial interés en aquel que muestra las aves que se pueden avistar. Y me quedo con la cara del Martinete, pues nunca lo he visto y parece que por aquí abundan. Por cierto, creo que ahora es época de cría y casi todas las aves suelen aparecer por parejas. Incluso los pájaros mecánicos del vecino aeropuerto de Matacán.

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Inicio la andadura cruzando el puente que existe a la salida de Huerta y lo primero que me encuentro es el extenso parque donde han previsto plantar árboles significativos de los tipos de bosque que pueden encontrarse por España: mediterráneo, de ribera, meridional, continental … de momento han construido el paseo y colocado los carteles y bancos. Arboles pocos. Toda esta zona, la Isla del Soto según los mapas, supongo que desaparecería inundada en caso de una fuerte crecida. Imagino esto después de leer en los carteles que en el año 1626 hubo tal crecida del Tormes que arrasó con Huerta y otras seis poblaciones más, llevándose también por delante parte de los puentes de Alba de Tormes y el de Salamanca. El año del diluvio.

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Yo escojo para caminar la senda que transcurre justo por el borde del río. Poco a poco este sendero va alejándose de las aguas y se va convirtiendo en una pista arenosa que transcurre junto a los terrenos agrícolas. Tiene poco aliciente, pero es imposible acercarse a la ribera por la cantidad de maleza que existe. Así que decido alejarme un poco más del río y pasar por la alquería de Castañeda. Aquí existió una de las más importantes villas agrícolas romanas de las que se tienen noticia en España. Hoy en día el lugar lo ocupa un conjunto de edificaciones, en su mayor parte ruinosas. De restos romanos nada de nada. Eso es lo que me dice el actual casero que sale a saludar con su perro. Algo se encontró donde los sembrados…  comenta sin dar importancia alguna al asunto. Bastante tendrá él con sacar adelante la alquería como para perder tiempo con ese asunto. Le agradezco las pocas palabras y el tiempo que me ha dedicado y recibo permiso para sacar alguna fotografía antes de marcharme.

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Regreso a la ribera. El sendero ahora permite asomarse al río de vez en cuando y acercarse hasta las aguas entre tanta maleza. Así llego a un caseto abandonado con un cartel avisando Atención, explotación minera.  No tenía noticia. A juzgar por la calidad de la caseta abandonada no debían ser minas de oro precisamente. Más bien una gravera, que ya no existe. Continúo por la senda, que a partir de este punto se hace más agradable, transcurriendo encajonada entre las aguas del Tormes y los vallados de algunas casas de campo. Me quedo con el nombre de una de estas fincas campestres: La Ponderosa, como en Bonanza.

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Ya he llegado hasta el viejo puente por el cual voy a cruzar a la otra margen del río y emprender el regreso. El cielo se ha puesto muy oscuro y empieza a soplar viento. El parte meteorológico indicaba que de llover serían dos gotas, pero cualquiera se fía. Impongo por ello paso de legionario por el camino que ahora transcurre entre altos chopos. El ruido que produce el golpe de zapatilla entre la hojarasca asusta a las aves que por allí habitan, que emprenden vuelo a mi paso. Hasta ahora he visto lo típico: garzas, cormoranes, muchas palomas (torcaz) y multitud de ánades. De Martinetes nada.

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Enseguida llego a la Isla de la Chopera, la más grande de todas las que se han formado entre los diferentes brazos del río. El camino permite el fácil acceso a la isla con un simple salto en un punto en el cual uno de los brazos del río no es más que un pequeñísimo arroyo.

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Durante el trayecto por esta margen derecha del río he observado algunos carteles de madera con una herradura y el nombre del paraje correspondiente: Isla de los Jabalíes, Vereda del Zorro … Comprendo que se trata de una ruta para caballos cuando me encuentro de frente con un grupo de ellos. Por cierto, que a la yegua blanca que camina delante no le hace gracia que le hagan fotos y se revuelve para susto de quien la maneja.

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Continúo camino en un tramo que resulta muy agradable, tanto por el sonido de los pájaros como por lo cómodo de la senda y las bellas imágenes que ofrece el río con esta luz que se cuela entre los nubarrones. De repente, a mis pies, desde el borde del río, sale volando sobre las aguas un pajarillo de un color azul turquesa brillante. Un Martín Pescador. Detrás rápido sale otro. Supongo será la pareja. Nunca los había visto al natural. Son preciosos y más pequeños de lo que yo pensaba.

Comienza a llover así que acelero todavía más el paso. Camino a casi 8 kms por hora según mi GPS, aunque sé que ya no me queda mucho para llegar de nuevo a Huerta, el punto de partida. Salgo de la isla por el único puente que tiene, a la altura de la Aceña de Huerta, ahora convertida en vivienda y del Centro Ecuestre de donde han salido las caballerías con las que me he cruzado.

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Deja de llover. Efectivamente han sido pocas gotas como pronosticaron. Así que el último tramo  del paseo lo realizo despacio, caminando por una senda que transcurre entre sauces, alisos y álamos. Arboles que parecen sedientos y se doblan sobre las aguas para refrescarse. Disfruto del paisaje, del persistente canto de los pájaros y de la toma de fotografías con esta bella luz de primavera, que hoy precisamente comienza. De ver algún Martinete, nada de nada. En otra ocasión, porque es paseo para repetir.

Aquí puedes descargar el track GPS por si te interesa seguir la ruta.

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2 comentarios en “Parque fluvial de Huerta”

  1. No tiene nada de particular que no vieras los martinetes, porque son más bien nocturnos y además aún no habrían llegado: son migradores y suelen llegar a esa zona a finales de marzo o principios de abril. Supongo que disfrutarías con los cantos de los chochines, mirlos, petirrojos, ruiseñores y quizás alguna oropéndola.

    1. Gracias por el apunte. Mis conocimientos musicales acerca de los cantos de pájaros no llegan a tanto como para distinguirlos, y menos aún cuando cantan todos juntos montando jolgorio como había allí.

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