Via verde hasta Arapiles

 

 

Caminaré hoy desde Alba de Tormes hasta el sitio histórico de Arapiles, y lo haré por una Vía Verde – en proceso de creación – que transcurre sobre lo que fue la línea de ferrocarril Plasencia-Astorga.

Y es que ya hace años que la sociedad de las prisas decidió que en cuestión de trenes, o el AVE o nada. Y para muchas de las zonas rurales, esto significó nada. Se abandonaron las infraestructuras.

La línea Ruta de la Plata dejó de funcionar en 1984, y aunque hubo algunas iniciativas locales para recuperar su uso, en forma de tren turístico o cultural que atrajese algún público, la administración parecía tener claro que no se invertiría en nada que no fuese alta velocidad. Eso sí, estaban dispuestos a ceder el uso del trazado, previo desmontaje de raíles, traviesas y balasto, a cualquiera que quisiera gestionarlo como Vía Verde. Es decir, itinerarios para senderistas o cicloturistas. En este tramo concreto, que va desde Alba de Tormes hasta las afueras de Salamanca, será el Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente, dentro de su programa Caminos Naturales, quién se encargue de preparar y gestionar dicha vía. Y en eso están, pues aparece incluido en los presupuestos del 2014.20140225-101443_ps2

Pongo rumbo sur hacia la arruinada estación de ferrocarril de Alba de Tormes. Recorro estos 2 km a paso ligero, pues hace frío y en las zonas de umbría hay una ligera helada. Imagino a los paisanos del siglo pasado, con sus maletones de madera atados con una cuerda, haciendo este mismo recorrido en la época del blanco y negro. Debían llegar a la estación con los hombros dislocados.

Tras un vistazo a los muros arruinados que en su día fueron estación, almacenes y casa del guardavía, inauguro la Vía Verde poniendo rumbo norte hacia Salamanca. Pisando sobre el balasto que fue base de la vía férrea, pues traviesas y raíles ya han sido desmontados, compruebo que la vía todavía no está del todo preparada para el turismo, pues andar por la grava resulta incómodo y requiere tobillos fuertes. Y para las bicis de momento imposible. 20140306-091716_ps

Los primeros seis kilómetros son de ligero ascenso. Es la ventaja de seguir un trazado de ferrocarril, que no tiene cambios bruscos de nivel. Una pendiente continua del 1,5 % que conduce tras dejar atrás el casco urbano de Terradillos,  hasta un alto desde el cual ya se observa Salamanca a lo lejos.

Hasta aquí he caminado entre tierras de labranza. Se ven tan encharcadas que hasta los tractores tienen problemas para moverse por ellas. He observado como algunos de sus propietarios han desplazado los pobres vallados que marcan sus linderos, con objeto de comerle el terreno a una vía en desuso desde hace más de 30 años. Ya ocurrió tiempo atrás con la cañada que une Salamanca y Alba ( la Vereda de Alba) y con tantas otras. Su anchura original de 25 varas menguó en algunos tramos hasta convertirse en una senda que apenas permite el paso de las vacas en fila india.20140306-102527_ps2

Comienzo el suave descenso y el paisaje cambia. Durante unos cinco kilómetros la vía transcurre entre dehesa de encinas. Fincas bien cuidadas de terrateniente con poderío. Al menos ese es el aspecto que muestran. Granjas con vacas y cochinos correteando, y claro, los mastines guardianes que no paran de ladrar a mi paso. También una fábrica de productos cerámicos abandonada. No por la actual crisis del ladrillo. Esta cerró mucho antes. Probablemente por la desaparición del tren. Montañas de bovedillas se mezclan con algunas vacas que ahora habitan allí.

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Desaparecen las encinas y vuelve el terreno despejado. La inmensa llanura de cereal. Y de ella sobresalen los dos cerros adonde me dirijo: los arapiles. La vía de ferrocarril – vía verde pasa entre ambos.

Hace poco más de 200 años, en 1812, durante la guerra de independencia española, los artilleros franceses ocupaban el Arapil Grande y los ingleses el Arapil Chico. Las tropas de infantería y caballería mientras tanto se movían por la llanura. Los portugueses e ingleses intentando su marcha hacia Madrid. Los franceses tratando de frenarles. Llevaban más de un mes persiguiéndose y buscándose. El 22 de julio se encontraron y se atizaron.20140306-125556_ps

A la altura del Arapil Grande abandono aliviado la vía verde, con los tobillos cansados de tanto pisar sobre el balasto de granito  machacado. Espero que este año la dejen preparada la vía para el ecoturismo tal y como está previsto. Entonces recorrerla será un estupendo paseo entre Alba y Salamanca, que yo prometo volver a realizar.

Acometo el ascenso al Arapil por el flanco Este. Por donde no pudieron subir los ingleses. Claro que a ellos les bombardeaban desde arriba los cañones  de Napoleón. A mí como mucho me puede cagar un mirlo de los que veo revolotear por encima. En cinco minutos estoy arriba. Son solo 50 metros de desnivel, pero entre tanto terreno horizontal, esto supone una atalaya fácil de defender.

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Desde arriba las vistas son amplias. Hacia el sur se distingue la Cordillera Central que pone fin a la meseta castellana. Se ven las cumbres nevadas de Gredos y la loma, también blanca, de La Covatilla, en la sierra de Béjar. Por los otros tres costados llanura, con Salamanca al norte a tiro de piedra. Los campos que rodean los dos arapiles aparecen ahora verdes y apacibles, pero el día de la batalla terminaron sembrados de cadáveres.

Leo en Wikipedia el parte de bajas: 12.500 franceses, 3.176  británicos, 2.038 portugueses, 6 españoles. ¿Solo media docena de españoles? ¿Pero dónde estábamos en la guerra de nuestra independencia? La historia dice que nosotros hacíamos la guerra por nuestra cuenta, a base de guerrillas, que para eso las inventamos. Además hay que tener en cuenta que, como siempre, estábamos divididos. Estaban quienes luchaban por su cuenta en plan Curro Jiménez en Despeñaperros. Quienes hacían algo parecido pero a las órdenes del ejército aliado anglo-portugués, como el guerrillero y héroe local Julián Sánchez el Charro. Quienes luchaban en tropas españolas junto al ejército francés. Quienes sin luchar en la batalla defendían la ilustración y la revolución francesa frente al imperialismo inglés y frente a los Borbones absolutistas. Y por supuesto, estaban – imagino que eran bastantes – quienes comentaban la jugada en la tasca mientras jugaban al julepe.

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Lo cierto que esta batalla, con derrota del bando francés, fue el comienzo de la retirada de los bonapartistas de la península. Así lo rememoran placas inglesas y españolas adheridas al monolito que luce en lo alto del Arapil Grande. Dos años después de este episodio volverá a casa, tras unas vacaciones en Francia pagadas por Napoleón,  Fernando VII “el deseado”, al que el pueblo castizo, ingenuo e ignorante, recibirá entre vítores y palmas. Tras su regreso se convertirá en el peor rey de la historia de España. El rey Felón. El mayor represor de los liberales. El absolutista supremo. El azote de los ilustrados. Pero caramba, era el rey español y el pueblo aplaudía. Y no a ese intruso de José Bonaparte, al que los franceses nos colocaron sin pedir permiso, aunque fuese con pretensiones de traer una ilustración que bien le hubiese venido a España.

Desciendo del otero por la ladera Sur, que aparece completamente perforada por galerías de liebres. No es que entienda de guaridas de animales, es que he visto a unas cuantas correr y esconderse a mi paso. Para ir a mi siguiente destino sigo la carretera que une Arapiles y Calvarrasa, y poco antes de llegar a este último pueblo, tomo una senda a la izquierda que transcurre paralela al Arroyo de la Ribera, cuyo caudal, normalmente de escasa entidad,  se presenta algo crecido en estas fechas tras las abundantes lluvias de febrero. De hecho el suelo está completamente empapado por la ribera del cauce por donde camino con la pretensión de fotografiar algún ánade. Al final me conformaré con fotografiar sus huellas únicamente.

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El cauce del arroyo y la senda que sigo, están a los pies de unos riscos algo elevados, desde cuyas posiciones observaron los jefes franceses el comienzo de la batalla. En el extremo norte de estas formaciones rocosas se halla la Ermita de la Virgen de la Peña, y a los pies de ésta, unas fuentes que dicen romanas. Junto al caño de una de ellas, una baldosa contiene un letrero: Aquí bebió Pepe Botella.20140225-105318_ps

Ahora dicen los entendidos que el apodo que el pueblo le endosó al rey es injusto, porque han demostrado, ignoro cómo, que era abstemio y solo bebía agua. Que viniera hasta Calvarrasa para probar la de esta fuente…  Junto al manantial existe una sencilla plaza de toros cuadrada. También del siglo I,  según los carteles. Dudoso según los entendidos. Si fuese cierto dejaría a mucha distancia a las veteranas plazas de Ronda y Béjar que se disputan la mayor  antigüedad entre los cosos españoles con unos 300 años de vida.

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De lo que no cabe ninguna duda es que la panorámica que se puede apreciar desde la ermita y desde los altos riscos es estupenda. Todo el sitio histórico de Arapiles de un vistazo.

 

Aunque ya está bien de contar batallitas por hoy. Porque como dijo Erasmo de Rotterdam, impulsor sin él saberlo de las becas Erasmus,  Dulce es la guerra para quienes no la han vivido. Disfruto un buen rato oteando el paisaje y después marcho hasta el pueblo de Calvarrasa de Arriba, a menos de un kilómetro. En la parada del autobús que me llevará de vuelta a casa doy por finalizada la ruta.

El track para seguir la ruta está en este enlace.

AÑADIDO EL 8/03/2015

La vía está lista para ser recorrida cómodamente en bicicleta o andando. Una capa de zahorra bien apisonada sustituye al balasto original. En el antiguo andén de Arapiles se ha habilitado una zona de descanso con carteles informativos. En este punto me despido yo

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5 comentarios en “Via verde hasta Arapiles”

  1. Muchas gracias. Quizás sea una solución, buscar trabajo como profesor de historia … aunque soy poco riguroso y nada objetivo.

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