Moreruela

A la entrada de Granja de Moreruela, llegando desde Zamora, existe un pequeño edificio aislado del resto de casas del pueblo y con una arquitectura completamente diferente. Se trata del Centro de Interpretación del Císter y el motivo de su ubicación en este lugar se debe a que este pequeño poblado fue en origen una granja del magnífico Monasterio de Moreruela, una de las primeras fundaciones de la orden del Císter en tierras ibéricas.

En los paneles explicativos que alberga este sencillo edificio se cuenta lo esencial de esta orden surgida a finales del siglo XI como reforma frente a los excesos que por entonces reinaban en los monasterios y en la vida de los monjes benedictinos. Estos monjes blancos, así llamados por el color de su hábito frente al negro que vestían los benedictinos, se proponen volver al ascetismo que había desaparecido de la vida monacal. Sus monasterios se ubican aislados del mundanal ruido y además del edificio principal cuentan con granjas situadas a menos de una jornada de distancia donde los monjes trabajan y satisfacen la mitad del Ora et Labora que rige su existencia.

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El paseo hasta las ruinas del Monasterio, situado a unos 4 km. de la Granja transcurre por una calzada paralela al Arroyo de la Laguna, por un terreno completamente llano y rodeado de fincas agrícolas perfectamente aradas y preparadas para la siembra en esta época del año. En menos de una hora llego a la tapia de piedra que delimita el exterior del conjunto y para mi sorpresa y la de otro visitante que se encuentra junto a la cancela de acceso, ésta se encuentra cerrada a pesar de que estamos dentro de día y horario de visita. Sospecho que el guarda se ha ido a comer. Para hacer tiempo, decido dar un paseo hasta el río Esla que se encuentra a escasa distancia, aunque el rodeo que hay que dar por la imposibilidad de cruzar fincas privadas alarga la caminata.

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De vuelta al Monasterio me dedico a fotografiar el conjunto desde el exterior, pues la cancela sigue cerrada y no hay señales de vida en las cercanías. Bueno sí. Hay otro hombre con su cámara de fotos al cuello que espera pacientemente en una esquina. Entablo conversación y me cuenta que ha venido desde Zaragoza y que ha visitado las cercanas Lagunas de Villafáfila, pero que primero se ha encontrado con su Centro de Interpretación de la Naturaleza cerrado y segundo con escasas  aves que observar en los humedales. El motivo de lo segundo es que este año parece que el clima frío va algo retrasado respecto a lo habitual y la inteligencia animal ajusta su migración a la climatología. El motivo de lo primero es el mismo que suponemos origina que el conjunto ruinoso que queremos visitar permanezca cerrado: la ausencia de recursos para mantener las instalaciones, ya que el dinero que queda en el país después de lo robado parece ir destinado al fútbol, la banca y la política.

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Como no quedan muchas horas de sol y no hace falta ser un atleta para saltar la tapia de piedra, decido entrar al recinto por mi cuenta y riesgo, con el oído atento no vaya a ser que hayan destinado algo de calderilla de los presupuestos de cultura para comprar perros guardianes. El otro visitante, que a estas alturas no anda muy conforme con la gestión del patrimonio de la junta de Castilla y León, decide hacer lo mismo y cada uno por nuestro lado recorremos y fotografiamos el conjunto.

El origen de este monasterio de Santa María de Moreruela lo fechan en los comienzos del siglo XII. Más o menos en la época en que San Bernardo dirigía sabiamente la orden del Císter. Posteriormente se fueron añadiendo anexos de otras épocas y estilos, como ocurre en todo conjunto arquitectónico de la antigüedad, formado por obras que tardaban siglos en completarse. Con los planos de la planta de los edificios en la cabeza, después de haberlos examinado en el centro de interpretación visitado, recorro los diferentes espacios que en su día fueron claustros,  almacenes o  celdas de monjes y conversos, y que hoy en día son ruinas en estado de conservación y estudio.  A la iglesia no puedo pasar porque está condenado su acceso  con fuertes cancelas de hierro, pero observando a través de la cerrajería observo que su estado es semejante al que presentaba hace 10 años, cuando camino de Santiago  pasé por aquí y visité el conjunto, que entonces no contaba con cerrojo alguno y si con mucha vegetación silvestre que lo inundaba todo.

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Llegado el momento de marchar, me despido del fotógrafo maño deseándole más fortuna en sus próximas visitas a Castilla y León. Me comenta que al día siguiente se dirigirá a Hervás a un rallye fotográfico por el valle del Ambroz. Tampoco ahí tendrá mucha suerte pues dan frío y nieve para todo el fin de semana. Yo por mi parte seguiré viendo ruinas por la zona visitando el cercano despoblado de Castrotorafe   antes de que anochezca.

Aquí puedes descargarte el track de la ruta realizada y en esta página están algunas fotografías del recorrido.

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