Ledesma

La ruta de hoy transcurre en su mayor parte por trazado urbano. Visitaré la villa de Ledesma, bellísima localidad en medio del campo charro y visitaré también alguno de los puentes “romanos” de las proximidades.

Llego a la villa al amanecer, cuando aún no se han despejado totalmente las nieblas que tan a menudo se posan sobre el Tormes. Es una ocasión espléndida para tomar algunas fotografías de la fachada amurallada del casco histórico que se eleva imponente sobre el cauce del río.

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Inicio el paseo en el extremo norte del recinto amurallado, donde se encuentra el Mirador del Menhir. Un menhir de dudoso y desconocido origen,  que más parece un fuste de columna arquitectónica que un pedrusco megalítico de esos que Obelix cargaba en su espalda.

En lugar de dirigirme hacia el centro urbano, cruzo por el puente nuevo hasta el Barrio de los Mesones con objeto de disfrutar de las panorámicas que desde aquí  se divisan. Llego hasta la extraña Iglesia de San Pedro y San Fernando, construida hace siglo y medio  con los restos de otros templos desaparecidos en el casco histórico. Lo que más llama la atención en este punto es el cartel informativo indicando que en este edificio, bien guardados en un arca de piel, se hallan los esqueletos de los tres pastorcillos que adoraron a Jesucristo en el portal. Reliquias traídas por un caballero ledesmino al regresar de las cruzadas. Y es que en aquella época, para un guerrero cristiano, volver de tierra santa sin una reliquia era algo así como hoy en día para un turista actual regresar a casa sin un souvenir en su maleta. Tras dejar atrás la iglesia y un crucero medieval que hay cerca me dirijo hacia unos peñascos de granito desde los cuales se dispone de las mejores vistas de la villa y desde ahí a la Ermita de la Virgen del Carmen, que situada en un extremo del puente viejo era lugar de paso obligado para quien quisiera entrar o  salir del recinto amurallado.

Hay muchas personas que gustan de colocar la etiqueta de romano a cualquier puente antiguo con arcos de medio punto y sillares de piedra, pero el bello Puente Viejo de Ledesma no es romano sino medieval, del siglo XII. Esto no le quita valor ni mucho menos. Incluso alguno de sus arcos es posterior al haberse reconstruido tras la típica voladura de ejército en retirada sufrido durante la guerra de independencia.

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Atravesando este puente llego a la base de las murallas y asciendo por la rampa empedrada que conduce al Paseo de Alonso Andrea de Ledesma, un agradable bulevar arbolado con miradores hacia el Tormes ideal para tomar un descanso de caminante y enterarme por medio del cartel informativo aquí situado de quién era el personaje a quién han dedicado este paseo. Así descubro que tan quijotesco caballero fue el fundador y defensor hasta la muerte de Caracas. Cayó muerto por disparo de arcabuz al intentar detener – él solo –  al pirata Amyas Preston y los suyos que trataban de hacerse con la ciudad.  Intentaron capturarle vivo, pero él no dio opción al no dejar de luchar protegido por su oxidada armadura. Cuando una vez abatido le despojaron de su coraza metálica, los piratas se encontraron con un huesudo anciano de barba blanca y ante tal asombro le rindieron honores por su valentía. Esto ocurrió diez años antes de que Cervantes escribiera el Quijote, y algunos (Eduardo Casanova – El nacimiento del Quijote) han querido ver en esta figura ledesmina la inspiración de tan glorioso personaje caballeresco. Bien merecido se tiene este Alonso Andrea el reconocimiento de sus paisanos.

Continúo mi recorrido por la villa siguiendo la línea de la muralla hasta llegar a la ajardinada Plaza de la Fortaleza en donde se sitúa El Verraco y los restos del castillo que más tarde visitaré. A lo lejos en dirección sur se distingue la Iglesia de Santa Elena y allí me dirijo. Esta sencilla iglesia medieval es una de las pocas que se conservan de las siete que llego a tener en su día la villa.

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Regreso al casco amurallado y comienzo a recorrer sus estrechas calles empedradas observando que, algo sorprendente en este país, están limpias, vacías de gente y con casas perfectamente adecentadas. Muy pocas edificaciones ruinosas en una villa que daría la impresión de estar deshabitada si no fuese por lo cuidado que se presenta todo el casco urbano. La gente debe ser muy hogareña y guardarse en casa. Y no me extraña a juzgar por las viviendas que componen la villa. Más que casas, la mayoría son palacios. Palacio de Beltrán de la Cueva, Palacio de Rodríguez de Ledesma, Casa de las Almenas, Casa del Mayorazgo de los Paces, Casa del Escribano y el Procurador, Casa de Manuel Godínez …  no dejo de asombrarme ante la calidad de estas edificaciones, sobrias por el exterior pero que – teniendo la oportunidad de asomarme por alguna puerta entreabierta – esconden lujosos patios y espacios al interior. Una de ellas, la Casa de los Padua muestra a través de su amplia puerta enrejada un impecable y atractivo patio de estilo italiano que causa la sensación de estar en otra parte del mundo y en otra época.  La Iglesia de Santa María la Mayor y la Casa Consistorial, ambos situados en la modesta  plaza mayor, son otras edificaciones indicadoras del pasado glorioso de la villa, declarada con toda justicia Conjunto Histórico Artístico.

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Después de casi seis horas andando ya me he recorrido todas las calles y no he dejado rincón por observar. Es hora de parar y tomar el ligero almuerzo que llevo en la mochila y aprovecho el Mirador del Adarve para descansar observando el paisaje del campo charro atravesado por el Tormes,  que se extiende hasta donde alcanza la vista.

Justo en este punto se haya el Arco de San Nicolás, la única puerta que queda de la muralla. Aquí fue degollado Nicolasito, otra de las figuras históricas de Ledesma. Hijo del Wali Galofre, el gobernador musulmán de la villa allá por el año 745, se convirtió al cristianismo por medio de las enseñanzas de los clérigos Leonardo y Nicolás a quienes el gobernador había encomendado su educación en esa época de convivencia religiosa. Ante tamaña traición el Wali ordenó la ejecución de su hijo Alí (bautizado como Nicolás) y de los dos monjes. Es decir, convivencia religiosa pero con ciertos límites.

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Abandono el recinto histórico por la puerta, como debe ser, y me dirijo hacia el Puente Mocho, situado a unos 3 km de distancia en dirección a Zamora. Este puente medieval se halla en la ribera de Cañedo, en el trazado de una calzada romana que unía Bletisama con Ocello Durii (Ledesma con Zamora para entendernos) y se llega hasta allí tras recorrer una cómoda pista de tierra que transcurre por propiedad privada pero tiene el paso permitido. Eso sí,  te informan mediante señal de aviso que tengas cuidado con el ganado suelto y aparece un dibujo esquemático de un bovino. Yo no sé distinguir en tan esquemático boceto si el bicho en cuestión se refiere a una vaca lechera o un Miura de pitones afilados. Conocedor de la abundancia de reses bravas por estas tierras camino  a paso ligero mientras atravieso la dehesa de encinas con la mosca detrás de la oreja. Más que nada porque no me he traído el capote y no sabría cómo hacer frente a un astado de esos que he visto por las cercanías.

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Llego al puente sin novedad y después de recorrer el entorno regreso por donde había venido, pero ahora más relajado ante la ausencia de morlacos, por lo que aprovecho para salirme algo del camino y realizar fotografías del paisaje con la silueta de Ledesma en la lejanía.

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De vuelta a la villa histórica decido tomarme un respiro y voy directo a la plaza de la fortaleza a tomarme una cerveza hidratante en la terraza de la Posada de Bleto en donde me ofrecen las llaves del castillo, que habitualmente se encuentra cerrado, para poder visitarlo y tomar así las últimas fotografías del día aprovechando las fantásticas vistas de la villa y del paisaje que la rodea.

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Y esto es lo que ha dado de sí un bien aprovechado día en Ledesma. Una villa sorprendentemente desconocida para el público en general. Algo extraño teniendo en cuenta lo atractivo de casco histórico y su cercanía a la capital salmantina. Para mí, uno de los cascos urbanos con más encanto que conozco.

Aquí puedes ver el recorrido seguido por el casco urbano y aquí el track de la ruta hasta el puente Mocho. En este enlace la galería de imágenes.

 

 

 

 

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4 pensamientos en “Ledesma”

  1. Hola buenos días Juanjo, enhorabuena por la descripción de la ruta y por las fotos de Ledesma, transmiten mucha sensibilidad y están muy cuidadas. La verdad es que fue una sorpresa que coincidiéramos en el Mirador del Adarve, es un buen punto de encuentro para tomarse un tiempo para uno mismo y disfrutar de las vistas. Mucho ánimo con esta iniciativa y seguimos en contacto.

    Un abrazo

    Quique

  2. La verdad es que de lo más interesante. Y las fotos maravillosas. Eso sí, ni un lugareño o bien esperados los momentos para hacerlas.

    1. Pues aunque parezca increíble, he ido varias veces a Ledesma y apenas te encuentras gente en la calle. Si te fijas en las fotos, hay una limpieza impecable. ¡No hay nadie que ensucie!

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