Las Quilamas: la Cueva de la Mora

El rey Don Rodrigo y la Cava en la sierra de Francia. Así se titula un ameno libro que su autor D. Alejandro Lucas Alonso me regaló allá por 1993. En él expone su teoría acerca de la huida del último rey godo tras la batalla de Guadalete hasta una cueva localizada en la comarca de la Sierra de Francia, donde le esperaba la bella mora Quilama, hija del conde Don Julián, a quién previamente había raptado, forzado y después hecho reina de estos parajes (a la mora, no al Conde). Expone además como  tanto la mora como el tesoro real de Alarico estarían enterrados en las profundas galerías de la misteriosa cueva existente en la llamada Peña Buitrera. Cuenta la leyenda además que aquellos incautos que han intentado apoderarse de las riquezas allí ocultas han pagado a veces con la vida y otras con la perdida de la razón. Me prometí entonces no dejar de visitar el lugar. Veinte años después he cumplido mi promesa. 

Empezamos la ruta en Navarredonda de la Rinconada, pueblo situado a los pies de la Sierra de las Quilamas. Los dos primeros kilómetros son de fácil ascenso, a través de un sendero de ligera pendiente, aquí conocido como camino de los molinos, y que además de servir de acceso a las huertas propias del lugar lleva hasta un pequeño embalse de aguas y a las ruinas de varios molinos que con ellas se alimentaban. Todavía permanece alguna rueda granítica de molino entre las ruinas.

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Continuamos senda atravesando un tupido bosque de robles melojos, y nos encontramos con un manantial cuyas aguas forman un pequeño estanque que está cercado por robustas paredes de piedra. Este sitio lo llaman Las Fuentes y sorprende que tenga tanta agua en este seco final de verano en el cual todos los ríos de los alrededores presentan cauces prácticamente secos. Una curiosidad de este manantial es que pueden observarse burbujas ascendiendo desde el lecho del estanque. Seguramente se deberá a la presencia de bolsas de aire junto al agua subterránea que mana. “Siempre tiene la misma cantidad de agua, tanto en invierno como en verano” nos dice un guarda forestal que vigila la zona y que nos indica las dos posibilidades de continuar camino hacia la cueva de la mora, avisando que nos esperan fuertes repechos.

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Elegimos una senda que apenas se insinúa entre tanto helecho y que transcurre por una vaguada tupida de robles. La subida es fuerte pero corta, unos 200 metros, hasta que llegamos a una pista forestal, la cual según la ruta prevista deberíamos tomar en dirección Este. Sin embargo, sobre la marcha,  decidimos tomar rumbo Oeste para visitar primero la Peña del Castillo o Pico de la Cueva, como aparece en los mapas. Cruzamos entre el los robles en otro repecho corto que nos sitúa en el Camino de la Bastida, una cómoda pista forestal que recorre prácticamente todo el monte de Este a Oeste y está señalada como sendero gr-182 comunicando Linares de Riofrío con Aldeanueva de la Sierra.   En seguida abandonamos esta pista para ascender por la izquierda en lo que parece una senda que nos puede conducir hasta el pico. Durante todo este tramo al esfuerzo propio del ascenso pronunciado se suma el fuerte calor y las insoportables moscas que no nos abandonan hasta que ya casi en la cumbre se termina el robledal.

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Desde el Pico de la Cueva, se disfrutan unas vistas espectaculares, tanto del paisaje serrano al sur y oeste, como de la interminable meseta castellana y la dehesa charra al norte. Desde allí hasta la Peña de la Bolanca, que es donde se encuentra la cueva que perseguimos no hay más que seguir toda la cuerda de la sierra hacia el oeste, atravesando un collado entre ambos picos. Llegados a la Peña de la Bolanca el paisaje es, si cabe, aún más espectacular, especialmente en la ladera sur, mirando hacia el profundo valle por el que transcurre el Arroyo de la Media Fanega. Por esa ladera es por la que descendemos con mucho cuidado por una senda de piedra suelta y fortísima pendiente. Aunque el paisaje se presta al continuo disparo de fotografías, decidimos guardar las cámaras en las mochilas debido al peligro de caídas y resbalones. Así llegamos hasta la misteriosa Cueva de la Mora. Misteriosa porque además de todas las leyendas vertidas acerca de ella, que el lector curioso podrá encontrar en muchas páginas en  Internet, tiene al día de hoy origen desconocido. La mayoría de quienes han estudiado y escrito sobre el tema coinciden en apuntar que se trata de unas galerías artificiales hechas por la mano del hombre. Pero ¿con qué motivo?.  A nosotros, observando lo complicado de su acceso y sabiendo de la estrechez, pendiente y longitud de sus tramos, en tan remoto lugar no se nos ocurre más que obra de locos.

Esquema
Imagen extraída del libro “El rey Don Rodrigo y La Cava en la Sierra de Francia” de Alejandro Lucas Alonso

Ya en el pueblo un paisano mayor nos había comentado que de joven descendió por la galería de la cueva y que es “muy respetuosa”. Como nosotros no tenemos inquietud por la espeleología ni pretendemos buscar el tesoro de Alarico, abandonamos la boca de la cueva y subimos un fuerte repecho hasta llegar a las altas rocas vecinas, bajo cuya sombra procedemos a devorar los bocadillos y a descansar un rato contemplando unas vistas de vértigo y a unos cuantos buitres leonados que sobrevuelan por debajo de nosotros.

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Algo más repuestos, volvemos a darle a la zapatilla con otro fuerte tramo de subida que nos vuelve a situar en la cuerda de la montaña, para desde allí continuar por una senda bien marcada, con la mirada al frente puesta en el Pico Cervero, el más alto de esta sierra, hacia la Peña Venero, cerca de la cual se encuentran los Hornos de Cal donde de fabricaba la mayor parte de la cal que se usaba en Salamanca, debido a que la caliza no es una roca que abunde precisamente en la provincia, y este monte supone una reserva de esta roca rodeada de sierras de granito. Una vez visitados los hornos, que se encuentran perfectamente señalados, vallados y explicados con carteles informativos, emprendemos el regreso a Navarredonda por medio de una cómoda pista forestal, con un sol de justicia atizándonos de tal manera que obligará una vez llegados al pueblo a una hidratación extra a base de cervezas.

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Así finaliza una ruta muy interesante, tanto por la belleza de los paisajes como por las leyendas que la adornan, y que está al alcance de cualquiera que este acostumbrado a andar un poquito.

Aquí puedes descargarte el track de la ruta, y también ver la galería de imágenes. Hasta la próxima.

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4 comentarios en “Las Quilamas: la Cueva de la Mora”

    1. Hubo un momento en que aparecieron varios juntos por debajo de nosotros, en el valle de la media fanega. Si te digo la verdad no me fijé si eran negros o “leonardos” como dicen algunos en los pueblos.

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