El camino Portugués – etapa 4

Comenzamos esta etapa atravesando de sur a norte la ciudad de Pontevedra. Salimos de ella tras cruzar el puente medieval sobre el rio Lérez.  Está amaneciendo y cae una lluvia muy fina que no molesta la marcha20120726_073831

Atravesando las Marismas del Alba paramos en un merendero, no porque vayamos a comer nada ni a descansar, sino por fotografiar un inmenso árbol que da sombra él solo a todos los bancos y mesas. Los que procedemos de tierras de secano no estamos acostumbrados a ver troncos de semejante tamaño. Los primeros kilómetros de hoy transcurren por un trazado fresco y sombrío,  paralelo a la vía del tren. Pasamos por delante de parroquia de Santa María de Alba, donde un párroco de piedra con ligera mueca socarrona parece vigilar el paso. Sus feligreses le han sentado en un banco para recordarle y seguramente también para que se entretenga viendo pasar a  los peregrinos.

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Seguimos la senda, y cruzando con mucho ojo la vía del tren nos plantamos en San Amaro, en donde aprovechando los bancos de un lavadero y vigilados por un crucero románico hacemos el primer descanso del día. Hemos visto muchos cruceros a lo largo del camino y a partir de ahora veremos aún más.

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Son casi las once la mañana y el día todavía permanece algo brumoso, lo cual se agradece cuando se trata de caminar. En esta parte de la etapa el paisaje se aclara algo en cuanto a la frondosidad del arbolado, pero sigue siendo muy agradable pues transcurre entre prados y emparrados de viña. Viñedos que supongo se destinarán a la fabricación de esos ricos caldos blancos que bien fresquitos y acompañando al marisco componen una imagen típica de Galicia. Y es que en estas tierras el pecado de la gula te asalta en cualquier rincón del camino. Y nosotros, todo hay que decirlo, tampoco tratamos de esquivarlo.

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Así que entre parras y cruceros, después de un agradable recorrido de 24 kilómetros llegamos a Caldas de Reis.  Después de la comida y la inevitable siesta toca paseo de reconocimiento de esta villa termal. Entre otras cosas nos encontramos con una fuente en la cual dos pequeñas cabezas de león echan agua calentita por la boca. Comentan que estas aguas son buenas para los pies de los caminantes y observo que algún peregrino permanece sentado con los pinreles en remojo. Tanto andar les debe haber insensibilizado las extremidades porque cuando intento meter el pie en la pila compruebo que el agua está casi en ebullición y lo retiro rápidamente. A mí me cura más una cerveza fresquita y a esa medicina dedicamos las últimas horas del día sentados en una agradable terraza muy sombreada por frondosos árboles junto al río Umia. Unos berberechos y algún otro animalillo de esos que dan fama a estas tierras nos ayudarán a reponer las sales minerales.

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De vuelta al albergue, con el cuerpo ya repuesto, paro a charlar unos minutos con uno de los peregrinos que encontré “refrescándose” en la fuente termal. Está sentado descalzo y sus pies parecen dos globos rojos a punto de estallar. Dice que los ha tenido 20 minutos en remojo porque le han dicho que es muy bueno. Ya veremos mañana como anda. Ni siquiera creo que se pueda calzar las zapatillas.

Visita la galería de fotos del camino portugués

Aquí puedes descargarte el track GPS del camino completo

 

 

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