Camino del Carpio

La caminata de hoy me llevará hasta el castillo del Carpio. Cerro que es una auténtica fortaleza natural sobre el río Tormes y sitio donde el mítico caballero Bernardo del Carpio se asentó con sus gentes.

No opinaré si tiene más de leyenda o de historia este personaje. Son las leyendas las que forjan las culturas, más que los hechos históricos por si mismos. Además ¿quién sabe realmente lo que ocurrió?  Su leyenda es mucho más hermosa, por trágica y heroica, que las de otros caballeros legendarios que – esos sí – se estudian en los libros de historia.

Así que me pongo en marcha y tras cruzar por el puente de Alba de Tormes emprendo la subida a la ermita de la virgen del otero, primer punto de referencia de la ruta de hoy, situado como su nombre hace sospechar, en lo alto de un cerro. Desde allí se disfruta de una espléndida vista sobre el río Tormes.

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Algo más de kilómetro y medio y llego a Palomares de Alba. Sus cinco habitantes deben estar trabajando en el campo porque no se siente un alma en el poblado. Solamente un mastín se acerca a saludarme con un potente ladrido. Como lo hace acercándose sigilosamente por mi espalda me produce un sobresalto que casi se me cae al suelo la botella de agua de la que estoy bebiendo. Y es que sin darme cuenta me he apoyado en el vallado del redil donde él cuida de una docena de ovejas. Le pido perdón, le devuelvo el saludo y sigo adelante.

Produce lástima ver pueblos en ruinas como éste de Palomares, donde solo dos casas parecen habitables. El resto, al haber perdido la cubierta de madera, se ha convertido en un conjunto de fincas con estupendos vallados de mampuesto bien aparejado, construidos sobre todo con pizarra del lugar, lo que produce un entorno grisáceo en el poblado. Pienso en el gran esfuerzo que supone construir un asentamiento para luego abandonarlo, pero es ley de vida. La misma ley que quizás no dentro de mucho obligue a algunas gentes a regresar y reconstruir. Mientras tanto la sensación que produce al recorrerlo es mezcla de tristeza y paz.

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Me dirijo ahora hacia la Mesa del Carpio, una meseta elevada unos cien metros sobre los campos de cereal, en cuya amplia explanada se han localizado restos de antiguas civilizaciones. Actualmente no es  más que un terruño sembrado con una enorme antena y un vértice geodésico en el medio. Pero el paisaje que se disfruta desde aquí lo convierte en un lugar bastante visitado. Enfrente, a poca distancia hacia el norte está el castillo del Carpio, y debajo en el río, el azud de Villagonzalo que es el causante de que el Tormes a su paso por Alba parezca el Missouri.

Para ir hasta el castillo desciendo primero al poblado de Carpio-Bernardo. No es un gran núcleo urbano pero al menos gran parte de sus casas aparecen habitables y alguna persona anda por la calle. En la fuente en la que lleno mi cantimplora han colocado una estatua de Bernardo del Carpio. Me gusta. Victor L.Pozo es el artista creador. Pequeña estatua para tan legendaria figura. También me gusta el nombre de las calles, la mayoría referentes a hechos y personajes relacionados con el caballero: batalla de Roncesvalles, castillo de Luna, conde de Saldaña, doña Jimena, Alfonso II, Carlomagno…

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La subida al castillo es corta, aunque yo la alargo más de un kilómetro al equivocarme de camino y tener que volver sobre mis pasos. Una vez arriba compruebo que el castillo es una fortaleza natural rocosa elevada sobre el río. Porque restos de edificación apenas. Un par de tramos de muro de mampuestos y sillares bastante erosionados y una pequeña estancia semienterrada cuya bóveda de sillares bien labrados se ha desplomado casi por completo, quedando solo los arranques, y que parece más bien edificación defensiva obra de las huestes francesas que por aquí acampaban a principios del siglo XIX.

En cualquier caso el lugar es perfecto para sentarse sobre las rocas, con los pies colgando sobre los campos, zampar un buen bocadillo de chorizo contemplando el extenso paisaje, que mirando hacia el norte se supone inmensa llanura hasta los picos de Europa, y dar rienda suelta a la imaginación ocupada en estos momentos con las hazañas de Bernardo del Carpio y con las maldades de Alfonso II.

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Vuelvo a Alba de Tormes por el mismo camino que me trajo aquí pues no hay otro. Pero esta vez lo hago a paso ligero y sin parar  pues se ha levantado un sospechoso viento caluroso y el cielo anuncia tormenta. Hasta otra.

Y si te interesa realizar esta ruta aquí puedes ver el camino en wikiloc y descargar el track GPS.

 

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